Donald Trump destituyó a los 22 miembros del Consejo Nacional de Ciencia. Este consejo supervisa un presupuesto anual de aproximadamente 9.000 millones de dólares para investigación. La decisión se comunicó por correo electrónico, aunque la Casa Blanca no ha explicado el motivo de los ceses.
La comunidad científica expresa su preocupación. Temen que estos despidos faciliten recortes en el presupuesto de la Fundación Nacional de Ciencia (NSF). Esta fundación fue creada en 1950 para sentar las bases de la investigación científica del país.
Desde que Trump asumió el cargo, la NSF ha perdido al 30% de sus empleados. Esto plantea serias dudas sobre su capacidad para financiar proyectos científicos importantes. Hasta ahora, 274 premios Nobel han recibido financiación a través de esta entidad.
El cese del consejo coincide con la posible llegada de Jim O’Neill como nuevo director de la NSF. Los miembros del consejo son nombrados por el presidente y cumplen mandatos escalonados de seis años. Sin embargo, no está claro cómo afectará esto a las políticas científicas futuras.
Yolanda Gil, una destacada figura en la comunidad científica, comentó: “Creo que esto es una señal más de los cambios radicales que el gobierno tiene en mente para la fundación”. En contraste, Zoe Lofgren calificó la situación como “una auténtica payasada”.
Victor McCrary defendió al consejo diciendo: “El Consejo Nacional de Ciencia apoya la aspiración del presidente Trump de una Edad de Oro de la Innovación estadounidense”. Sin embargo, muchos ven esta acción como un ataque a la política científica establecida.
A medida que surgen más detalles, se intensifican las preocupaciones sobre el futuro del financiamiento científico en Estados Unidos. La falta de claridad sobre las intenciones del gobierno aumenta la incertidumbre entre investigadores y académicos.








