Las proyecciones climáticas sugieren que El Niño podría ser uno de los eventos más intensos en décadas, con posibles consecuencias globales significativas. El fenómeno podría consolidarse entre mayo y julio de 2026. Las olas de calor e inestabilidad llegarán antes de lo esperado.
El Niño es la fuente más importante de variabilidad climática anual en el planeta. La última anomalía semanal observada de la temperatura superficial del mar fue de +0,1 °C en la región Niño 3.4, mientras que el índice Niño-3.4 se sitúa en torno a valores cercanos a la media, indicando una fase neutra.
Las previsiones del Centro de Predicciones Climáticas de la NOAA indican una probabilidad elevada de un evento intenso. Jorge Rey, experto en climatología, afirmó: «El Niño está en camino y podría consolidarse en los próximos meses, con riesgo de evolucionar hacia un Superniño.»
Las nuevas proyecciones refuerzan la posibilidad de un evento intenso en la segunda mitad del año. Sin embargo, la información sobre si el Pacífico ha alcanzado el umbral de El Niño no se puede verificar completamente.
El calentamiento en capas profundas del océano Pacífico ecuatorial se ha intensificado. Además, las anomalías en los vientos del oeste están favoreciendo que el calor ascienda y se extienda.
El fenómeno tiene un impacto económico significativo. Por ejemplo, el super El Niño de 1997-98 causó un daño al crecimiento económico mundial estimado en alrededor de 5,7 billones de dólares.
A medida que nos acercamos a la fecha prevista para su consolidación, observadores y oficiales advierten sobre las posibles repercusiones a nivel global. Es cierto que el 24 de abril de 2026, la Organización Meteorológica Mundial se resistió a llamarlo ‘super’, pero su negativa es puramente terminológica: lo que está claro es que todo apunta a que ‘podría ser fuerte o muy fuerte’.










